El Parlamento, la gobernanza y el control de los tratados internacionales en el Perú

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El Parlamento constituye una de las instituciones fundamentales del Estado constitucional contemporáneo. Su presencia en distintos sistemas políticos responde, con diversas configuraciones históricas e institucionales, a la necesidad de articular la representación política, la producción normativa y el control del ejercicio del poder.

En las democracias constitucionales, la institución parlamentaria adquiere especial relevancia porque materializa el principio de representación popular y contribuye al equilibrio entre los poderes del Estado. Desde esta perspectiva, el Parlamento no debe entenderse únicamente como un órgano productor de leyes, sino como un espacio institucional de deliberación política, representación ciudadana y fiscalización de la acción gubernamental.

En el Perú, el Congreso de la República ejerce funciones esenciales para el funcionamiento del sistema democrático. La Constitución le atribuye, entre otras competencias, la función legislativa, la representación política y el control parlamentario, además de determinadas atribuciones relacionadas con la aprobación de tratados internacionales.

Durante las últimas décadas, los procesos de modernización del Estado promovieron transformaciones importantes en distintas instituciones públicas peruanas. El Congreso de la República no permaneció ajeno a este proceso. La incorporación progresiva de tecnologías de la información, la modernización de sus sistemas administrativos y documentales, el fortalecimiento de los servicios parlamentarios y el desarrollo de herramientas destinadas al seguimiento del procedimiento legislativo contribuyeron a profesionalizar determinadas áreas de la organización parlamentaria.

Estos procesos permiten comprender que la calidad de la legislación no depende exclusivamente de la decisión política adoptada por los representantes. Requiere también capacidades institucionales, asesoramiento especializado, información confiable, procedimientos transparentes y mecanismos adecuados de evaluación y seguimiento.

Gobernanza, transparencia y función parlamentaria

El concepto contemporáneo de gobernanza trasciende la noción tradicional del ejercicio jerárquico del poder estatal. Supone considerar la interacción entre instituciones públicas, sociedad civil, ciudadanía, organizaciones internacionales y actores económicos en los procesos de formulación, implementación y evaluación de las políticas públicas.

El buen gobierno puede entenderse, en este contexto, como el ejercicio responsable, transparente y eficaz del poder público, orientado a garantizar los derechos fundamentales, proteger el interés general y generar condiciones institucionales que favorezcan la participación ciudadana y la rendición de cuentas.

Principios como la transparencia, la participación, la responsabilidad, la rendición de cuentas y la eficacia constituyen, por ello, parámetros relevantes para evaluar el funcionamiento de las instituciones democráticas.

En este escenario, las tecnologías de la información y la comunicación han transformado sustancialmente las relaciones entre el Estado y la ciudadanía. Los portales institucionales, los sistemas de información pública, los medios digitales y las redes sociales han ampliado las posibilidades de acceso a la información y de escrutinio ciudadano sobre las decisiones estatales.

Esta transformación reviste especial importancia para los parlamentos. La legitimidad democrática de origen que proporciona el sufragio debe complementarse con una legitimidad vinculada al ejercicio responsable del mandato, la transparencia de las decisiones, la calidad de la legislación y una efectiva rendición de cuentas.

Globalización, soberanía e interdependencia

La globalización ha modificado profundamente el contexto en el cual los Estados ejercen sus competencias. La expansión del comercio internacional, la movilidad de capitales y personas, la revolución de las tecnologías de la información, la interdependencia financiera y el fortalecimiento de instituciones internacionales han generado espacios regulatorios que superan las fronteras tradicionales del Estado.

En consecuencia, el concepto clásico de soberanía ha experimentado transformaciones significativas. Ello no significa necesariamente su desaparición, sino una modificación de las condiciones bajo las cuales se ejerce.

La integración regional europea constituye un ejemplo especialmente ilustrativo. Sus antecedentes contemporáneos pueden encontrarse en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero, constituida mediante el Tratado de París de 1951, y posteriormente en la Comunidad Económica Europea, creada mediante los Tratados de Roma de 1957. Décadas después, el Tratado de Maastricht, firmado en 1992 y vigente desde 1993, estableció la Unión Europea y profundizó considerablemente el proceso de integración.

Estos procesos demuestran que los Estados pueden transferir o compartir determinadas competencias mediante tratados sin que ello implique necesariamente la desaparición de su soberanía. Surge, más bien, un complejo entramado de relaciones jurídicas y políticas caracterizado por distintos niveles de decisión.

En esta perspectiva adquiere relevancia la denominada gobernanza multinivel, mediante la cual determinadas decisiones públicas son adoptadas a través de la interacción de instituciones nacionales, subnacionales y supranacionales.

La globalización también ha fortalecido la incidencia de actores transnacionales, organismos internacionales, movimientos migratorios y sistemas internacionales de protección de derechos humanos. Por ello, las relaciones internacionales contemporáneas difícilmente pueden explicarse exclusivamente mediante una concepción rígida de soberanía estatal.

Además, las transformaciones geopolíticas de las últimas décadas obligan a revisar las interpretaciones formuladas inmediatamente después de los atentados del 11 de septiembre de 2001. Si entonces adquirió fuerza la caracterización del sistema internacional como predominantemente unipolar, la creciente influencia económica, política y estratégica de China, la actuación internacional de Rusia, la importancia de la Unión Europea y la emergencia de otras potencias permiten actualmente discutir la configuración de un escenario internacional con tendencias hacia una mayor multipolaridad.

Parlamento y tratados internacionales

La creciente interdependencia internacional plantea desafíos particularmente relevantes para el Congreso de la República.

La Constitución Política del Perú establece que los tratados celebrados por el Estado y en vigor forman parte del derecho nacional. Asimismo, determina los supuestos en los cuales determinados tratados requieren la aprobación previa del Congreso antes de su ratificación presidencial.

Esta competencia adquiere especial trascendencia porque los compromisos internacionales asumidos por el Estado pueden producir importantes consecuencias jurídicas, económicas, sociales, ambientales y administrativas.

Por consiguiente, el análisis parlamentario de los tratados no debería reducirse a una evaluación meramente formal. Requiere determinar su compatibilidad con la Constitución y el ordenamiento jurídico interno, así como valorar sus posibles consecuencias para las políticas públicas y los intereses nacionales.

La relación entre el derecho internacional y el derecho interno cobra particular importancia en materia de derechos humanos. La Constitución peruana reconoce un sistema abierto de protección de los derechos fundamentales y establece criterios de interpretación vinculados con los instrumentos internacionales ratificados por el Perú.

En este ámbito deben distinguirse correctamente instrumentos históricos y jurídicos diferentes, entre ellos la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y la Convención Americana sobre Derechos Humanos de 1969.

El desarrollo progresivo del derecho internacional de los derechos humanos ha permitido que la protección de la persona deje de considerarse una cuestión exclusivamente reservada a la jurisdicción interna de los Estados. Los sistemas internacionales y regionales de protección han establecido órganos y procedimientos destinados a supervisar el cumplimiento de las obligaciones asumidas internacionalmente.

La necesidad de fortalecer el control previo y el seguimiento de los tratados

El Estado peruano requiere desarrollar una visión estratégica sobre las consecuencias derivadas de la negociación, celebración, aprobación, ratificación e implementación de los tratados internacionales.

Un adecuado sistema institucional debería permitir identificar, antes de asumir determinadas obligaciones internacionales, posibles incompatibilidades entre el tratado proyectado y la legislación nacional. Según corresponda jurídicamente, ello permitiría evaluar modificaciones normativas, formular reservas cuando estas sean admisibles, introducir declaraciones interpretativas o reconsiderar la conveniencia de asumir determinadas obligaciones.

El análisis previo resulta particularmente importante cuando los acuerdos internacionales pueden incidir sobre ámbitos sensibles para el país, como los recursos naturales, el patrimonio cultural, el medio ambiente, los derechos de los pueblos indígenas, la inversión extranjera, el comercio internacional o las competencias de los distintos niveles de gobierno.

Pero el control no debería concluir con la aprobación o ratificación del tratado. También resulta necesario fortalecer mecanismos de seguimiento que permitan evaluar su implementación y sus efectos sobre el ordenamiento jurídico y las políticas públicas.

En este sentido, el Congreso puede desempeñar un papel relevante mediante sus comisiones, los mecanismos de control político, los servicios de asesoramiento parlamentario y sistemas especializados de información que permitan conocer el conjunto de obligaciones internacionales asumidas por el Estado.

De los Objetivos de Desarrollo del Milenio a la Agenda 2030

La cooperación internacional también ha transformado progresivamente sus instrumentos y prioridades.

Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), establecidos en el marco de las Naciones Unidas, orientaron parte importante de la agenda internacional de desarrollo hasta 2015. Sus ocho objetivos estuvieron relacionados con la reducción de la pobreza extrema, la educación primaria universal, la igualdad de género, la reducción de la mortalidad infantil, la salud materna, la lucha contra determinadas enfermedades, la sostenibilidad ambiental y la cooperación mundial para el desarrollo.

A partir de 2015, este marco fue sucedido por la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), cuya perspectiva es considerablemente más amplia y comprende dimensiones económicas, sociales, ambientales e institucionales.

Por ello, cualquier análisis contemporáneo sobre gobernanza y desarrollo debe considerar esta transición y examinar de qué manera el Estado peruano incorpora los compromisos internacionales de desarrollo sostenible en sus políticas públicas.

El derecho administrativo global y los nuevos desafíos del Estado

La intensificación de las relaciones internacionales ha favorecido también el desarrollo doctrinal del denominado derecho administrativo global, concepto que procura explicar la aparición de procedimientos, instituciones y estándares regulatorios que operan más allá de los límites tradicionales de las administraciones públicas nacionales.

Organismos internacionales, tratados, redes transgubernamentales y mecanismos internacionales de regulación participan actualmente en materias que anteriormente eran consideradas ámbitos casi exclusivos del derecho interno.

Este fenómeno plantea desafíos para el principio democrático, la transparencia y la rendición de cuentas. Cuanto mayor sea la incidencia de decisiones internacionales sobre el ordenamiento interno, mayor será también la necesidad de garantizar mecanismos institucionales que permitan evaluar su legitimidad, sus consecuencias y su compatibilidad con los derechos fundamentales.

Reflexiones finales

El Parlamento mantiene una función insustituible en el Estado constitucional democrático. Sin embargo, la globalización, la interdependencia y el desarrollo progresivo del derecho internacional han modificado las condiciones en las cuales ejerce sus competencias.

En el caso peruano, estas transformaciones exigen fortalecer las capacidades técnicas del Congreso para analizar los compromisos internacionales asumidos por el Estado, evaluar previamente sus consecuencias y realizar un seguimiento sistemático de su implementación.

La aprobación parlamentaria de determinados tratados no debería ser concebida únicamente como una formalidad constitucional. Debe constituir un verdadero proceso de deliberación pública, análisis jurídico y evaluación de sus consecuencias para el interés nacional.

De igual manera, el fortalecimiento de la transparencia, el acceso a la información, la profesionalización del servicio parlamentario y el uso estratégico de las tecnologías digitales pueden contribuir a mejorar la calidad institucional del Congreso y su relación con la ciudadanía.

El desafío consiste, finalmente, en articular adecuadamente soberanía, democracia, gobernanza e interdependencia internacional. En un orden mundial caracterizado por una creciente complejidad regulatoria, la defensa del interés nacional no exige aislar al Estado de la comunidad internacional, sino fortalecer sus instituciones para que participe en ella con capacidad técnica, legitimidad democrática y una adecuada comprensión de las consecuencias jurídicas de los compromisos que asume.

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