De una gestión reactiva a un gobierno basado en datos
El Perú no necesita únicamente más información. Necesita convertir los datos que ya produce en decisiones oportunas, trazables y orientadas a resultados.
El Perú ha avanzado en estabilidad macroeconómica, transformación digital y modernización administrativa. Sin embargo, una parte importante de la gestión pública todavía actúa de manera fragmentada: interviene cuando la obra ya se paralizó, la ejecución presupuestal se rezagó o el servicio empezó a deteriorarse.
El desafío no consiste solo en disponer de recursos o plataformas. Consiste en integrar información confiable, reglas de gobernanza, capacidad analítica y responsabilidad institucional para decidir antes de que el problema se agrave.
Estas cifras expresan la escala de la responsabilidad estatal y muestran que existe una base digital relevante. La clasificación de Naciones Unidas no significa que la integración institucional esté concluida; indica que el país cuenta con capacidades sobre las cuales construir una gestión más inteligente.
Una nueva forma de gobernar
Después de más de veinte años liderando organizaciones, proyectos de infraestructura y procesos de transformación empresarial, he comprobado un principio común en toda institución que aprende y mejora:
“Las mejores decisiones son aquellas sustentadas en información confiable, indicadores oportunos y seguimiento permanente”.
En el sector privado, las decisiones estratégicas se apoyan en indicadores financieros, productividad, riesgos, calidad y cumplimiento de objetivos. El Estado administra sistemas aún más complejos y sus decisiones afectan directamente la vida de millones de personas. Por ello, necesita disciplina de gestión y, al mismo tiempo, las garantías propias de lo público: legalidad, transparencia, protección de datos, control y rendición de cuentas.
- Problema: el hallazgo o la paralización ya ocurrieron.
- Denuncia: la alerta ciudadana o de auditoría llega tarde.
- Informe: predomina la evaluación ex post.
- Acción: se sanciona o remedia cuando el daño se consumó.
- Datos e indicadores: captura continua con controles de calidad.
- Modelos analíticos: detección de anomalías y tendencias.
- Alerta temprana: aviso trazable al responsable de decidir.
- Prevención: intervención oportuna antes de la falla.
La gestión inteligente complementa —no sustituye— el control, la responsabilidad ni la decisión humana.
Mucha información, poca integración
Sería incorrecto afirmar que el Estado peruano carece de información. Cuenta con herramientas como el Sistema Integrado de Administración Financiera (SIAF), Consulta Amigable, Invierte.pe, Infobras, los sistemas de planeamiento de CEPLAN, la Plataforma de Interoperabilidad del Estado (PIDE) y portales de datos abiertos, además de numerosos sistemas sectoriales.
El problema es que estas plataformas responden a finalidades, responsables y ciclos de actualización distintos. La interoperabilidad técnica, por sí sola, no produce inteligencia pública. Se requieren definiciones comunes, calidad de datos, responsabilidades claras, trazabilidad, seguridad y capacidad para convertir señales dispersas en decisiones.
Del control posterior a la gestión preventiva
La Contraloría ya reconoce el valor de cruzar información proveniente de Invierte.pe, Presupuesto Público, contrataciones e Infobras para fortalecer el control preventivo de obras. Esa dirección puede ampliarse a la gestión: no para sustituir la fiscalización posterior, sino para complementarla con señales tempranas.
La analítica de datos y los modelos de inteligencia artificial pueden identificar desviaciones, anomalías y tendencias. Su uso público, sin embargo, debe ser proporcional al riesgo y estar sujeto a supervisión humana, explicabilidad, seguridad, evaluación de impacto y protección de datos personales.
El Modelo de Estado Inteligente
Propongo abrir la discusión sobre un Modelo de Estado Inteligente (MEI): un marco de gestión que transforme datos en decisiones oportunas para generar valor público mediante evidencia, innovación responsable y orientación al ciudadano.
Su premisa es sencilla: el desarrollo de un país depende, en gran medida, de la calidad de las decisiones que toma su Estado.
Gobernanza basada en datos
Información confiable, definiciones comunes, evidencia y responsabilidades explícitas.
Transformación digital integral
Rediseño de procesos y servicios, no mera digitalización de trámites.
Gestión por resultados
Objetivos claros, indicadores medibles y seguimiento permanente.
Innovación responsable
IA e interoperabilidad con seguridad, transparencia y supervisión humana.
Valor público
Evaluación de las políticas por los resultados que producen para las personas.
Una propuesta para iniciar el cambio
El Perú podría evaluar la creación de un Centro Nacional de Inteligencia Pública (CNIP). Su función no sería concentrar indiscriminadamente bases de datos ni reemplazar las competencias sectoriales, sino integrar una capa ejecutiva de indicadores y alertas sobre presupuesto, avance físico de inversiones, metas, riesgos, servicios prioritarios y desempeño institucional.
Una implementación gradual
Definir problemas prioritarios
Seleccionar casos de alto valor público, como obras paralizadas, abastecimiento sanitario o brechas de servicios.
Ordenar la gobernanza
Establecer responsables, catálogos, estándares de calidad, reglas de acceso y salvaguardas.
Construir pilotos interoperables
Integrar pocas fuentes confiables, con indicadores y alertas verificables.
Evaluar resultados
Medir precisión, oportunidad, costos, efectos distributivos y utilidad real para la decisión.
Escalar con control
Ampliar únicamente los componentes que demuestren valor, seguridad y legitimidad.
Referentes, no recetas
Estonia demuestra el valor de una capa segura y descentralizada de intercambio de datos como X-Road. Singapur articula su estrategia Smart Nation con infraestructura digital, datos e inteligencia artificial. El Reino Unido desarrolló estándares de servicios y experiencias de medición de desempeño; su antigua Performance Platform debe citarse como antecedente histórico, pues dejó de operar en 2021.
Estas experiencias no son equivalentes ni pueden trasplantarse automáticamente. Sirven para identificar capacidades institucionales: interoperabilidad, estándares, medición, diseño centrado en usuarios y gobernanza de datos.
Durante años hemos debatido cómo modernizar el Estado. Ya no basta con preguntarnos cómo digitalizar la administración pública. Debemos preguntarnos cómo construir un Estado capaz de aprender, anticiparse y decidir mejor.
El futuro del Perú no dependerá únicamente de cuánto invirtamos, sino de la calidad de las decisiones que conviertan esa inversión en bienestar. Gobernar con datos no es una moda tecnológica: es una capacidad institucional que debe construirse con evidencia, derechos, responsabilidad y propósito público.
