Dr. Ricardo Corcuera Rodríguez

Médico Cirujano   C.M.P. 14536

Administrador de Salud   R.N.E. 18472

  1. Si las debilidades estructurales y los problemas de gestión en el ámbito de la salud pública en el Perú continúan sin resolverse, el país enfrentará un conjunto de consecuencias adversas en los próximos años. Estas no solo afectarán los indicadores sanitarios, sino también el desarrollo social, económico y territorial de la nación.

     

    1. Incremento de brechas en salud y desigualdades territoriales

    La falta de planificación territorial efectiva y la persistente desigual distribución de recursos humanos y financieros agravarán la desigualdad en el acceso a servicios de salud. Por ejemplo, regiones como Huancavelica, Loreto y Ucayali podrían ver un aumento sostenido de enfermedades prevenibles debido a la escasa cobertura de personal de salud y de programas preventivos.

    Mientras Lima continuará concentrando más del 30% de los médicos especialistas del país, regiones amazónicas podrían sufrir un déficit mayor, impactando gravemente la atención de enfermedades endémicas y emergentes.

     

    1. Reemergencia y expansión de enfermedades transmisibles

    La baja capacidad de respuesta epidemiológica y el debilitamiento de la vigilancia en salud permitirán la reaparición de enfermedades que estaban controladas, como la tos ferina, el sarampión o incluso la tuberculosis multirresistente.

    Un escenario probable para 2026 es el aumento de brotes regionales de enfermedades metaxénicas como dengue y leptospirosis, debido a cambios climáticos, falta de control vectorial y pobre articulación entre DIRESAs y municipios.

     

    1. Aumento sostenido de enfermedades crónicas no transmisibles

    La limitada inversión en promoción de la salud y prevención aumentará la carga de enfermedades crónicas como diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares y cáncer, que ya representan más del 65% de la mortalidad nacional.

    Si la cobertura efectiva de tamizajes de hipertensión y diabetes no supera el 50% en los próximos cinco años, se estima que el costo por complicaciones y hospitalizaciones podría duplicarse para 2030, afectando tanto al SIS como a ESSALUD.

     

    1. Mayor presión y colapso progresivo de los servicios hospitalarios

    Sin una adecuada estrategia de fortalecimiento de la atención primaria y sin una política de contención de la demanda hospitalaria, los hospitales seguirán colapsando por la atención de cuadros leves que podrían resolverse en el primer nivel de atención, se continuará generando demoras y aumento en mortalidad por causas evitables

    El 60% de atenciones en hospitales nacionales en Lima corresponden a patologías que podrían tratarse en centros de salud o postas médicas, pero la falta de personal y horarios limitados desvían la demanda.

     

    1. Retroceso en los indicadores de salud materno-infantil

    La desarticulación de programas y la baja inversión en salud comunitaria podrían generar un retroceso en los avances logrados en mortalidad materna, desnutrición crónica y anemia infantil, especialmente en zonas rurales.

    Si no se fortalecen las intervenciones multisectoriales, la anemia infantil podría mantenerse por encima del 40% en regiones altoandinas y selváticas, perpetuando los círculos de pobreza y bajo desarrollo cognitivo.

     

    1. Mayor desconfianza ciudadana e inestabilidad institucional

    La continuidad del manejo burocrático, politizado y sin resultados visibles incrementará el rechazo ciudadano hacia los servicios públicos de salud. Esto se reflejará en menor adherencia a campañas sanitarias, menor reporte de casos, y posible incremento de la automedicación y búsqueda de servicios informales.

    En los últimos años, la vacunación infantil completa en zonas periurbanas ha descendido hasta un 70%, en parte por desinformación, pero también por la percepción de baja calidad y acceso deficiente.

     

    1. Incremento en los costos sociales y económicos por pérdida de productividad

    La morbilidad asociada a enfermedades prevenibles y no tratadas afectará la productividad laboral y escolar, con efectos económicos duraderos.

    El ausentismo escolar por enfermedades respiratorias y digestivas evitables se ha triplicado en zonas altoandinas desde 2022.

     

    1. Fragmentación e inestabilidad institucional crónica

    La falta de planificación y coordinación intergubernamental seguirá debilitando la capacidad de respuesta ante emergencias y la sostenibilidad de programas sanitarios.

    La rotación de directores regionales de salud supera los dos cambios por año en promedio, afectando la continuidad de proyectos estratégicos.

     

    Un futuro comprometido si no se actúa con urgencia

    Los escenarios descritos no son predicciones catastróficas, sino tendencias posibles si el país no toma decisiones firmes y estructurales para reformar el sistema de salud pública. La persistencia de un modelo fragmentado, con gestión débil, sin enfoque territorial ni comunitario, llevará inevitablemente a una crisis sanitaria sostenida, cuyas consecuencias superarán al propio sector salud y se expandirán a lo social y económico. De no hacer cambios el país enfrentará un deterioro progresivo en los principales indicadores de salud, una pérdida de legitimidad institucional y mayores inequidades sociales

    Para evitar este destino, se requiere voluntad política, compromiso técnico y una ciudadanía informada que exija un sistema de salud digno, eficiente y equitativo.